Algo raro pasa con los niños mexicanos. Nunca he estado en México y tampoco conozco a muchos mexicanos. Me refiero, más bien, a los niños que salen en la tele. De chico veía El Chavo del 8 y, si bien preguntaba por qué Kiko era más alto que su mamá, el hecho pasaba desapercibido. Pero ahora, cuando Carlos Villagrán visita el Perú, no puedo dejar de preguntarme cómo así, este niño anda tan arrugado. Pasa lo mismo cuando prendo la tele en el Canal de las Estrellas y veo a Chabelo o a la Güereja. Por qué nadie les pudo dar otros papeles de acuerdo a sus edades, de manera que no se queden congelados en sus personajes.
Y digo México porque desde mi infancia no he estado expuesto a tantas producciones audiovisuales como las mexicanas, por lo que puedo hablar con cierto conocimiento de causa. Ignoro si en otros países suceda algo parecido.
El Perú no se queda atrás, aunque en casos un tanto más solapados: si bien ya no tenemos casos de infancia eterna, los hay de juventud extendida. Hasta cuándo seguirá Bruno Pinasco siendo adolescente. Me pregunto si a este paso, algún día veremos a una Olenka Zimmerman sexagenaria pero siempre rica y apretadita modelando sus trajes de baño, o si seguiremos escuchando a Carlos Galdos, que ya bordea los 40 si acaso no los pasó, contando sus experiencias de colegio a chicos de colegio. O si seguiremos viendo a Raúl Romero saltando como si tuviera cinco años, admitámoslo, este sí es un tanto pateticón.
Aunque, total, la juventud se lleva en el corazón, pero qué pasará cuando ya no estén, si no hay jóvenes de verdad en las revistas y en la tele.
joven
Presentación de "Tiempo y obra de César Bolaños"
Hace 5 horas



