lunes, septiembre 19, 2005

Emergencia dental

Ir al dentista es una tortura. No lo digo por miedo a sus dolorosos minitaladros, o por el sonido chirriante de sus máquinas, sino por la larga espera a la que hay que someterse. Muchas personas odian ser atendidos por el dentista, yo más bien odio no ser atendido. El pasado sábado, mientras calmaba un ataque de ansiedad con unas lentejitas D´Onofrio, uno de mis brackets fue desprendido de su respectivo molar. Inmediatamente corrí al consultorio. Llegué bordeando el mediodía.

Yo: Señorita, he tenido un problema.
Señorita: Espere.
Yo: OK

Salgo, me siento en la sala de espera. 10 minutos después.

Señorita: Pase.

Me dirijo a la sala donde se encuentra el estomatólogo.

Señorita: No, pase aquí, dígame que pasó… Usted faltó a su cita del martes.
Yo: Sí, es que…
Señorita: Espere afuera, yo lo llamo.

Miro al techo, juego con mi celular, limpio mis lentes con mi polo, vuelvo a mirar al techo, paso cinco niveles de Ballpop en mi celular.
Sale una paciente, entra otro, llega uno más que entra antes que yo. No tenía cita, caballero nomás, pienso. Llega una señora con su rechoncho hijo que se echa en uno de los muebles jugando con un aparato con la palabra Nintendo en alto relieve. El rechoncho se sienta entre su madre y yo, muy cerca de mí. Miro al techo. El chico juega mientras mueve la pierna repetidamente durante largo rato. Alguien debería darle un palmazo. Sigue jugando. Miro al techo, el voltea hacia mí, como para comprobar que no estaba viendo su juego. Alguien debería quitarle ese juguete. Saco mi billetera. Encuentro mi DNI vencido, vouchers, comprobantes de pago. Ordeno las tarjetas de presentación de gente que ni siquiera recuerdo. Sale una paciente y entra otra. El chico mira a su mamá. Yo miro al techo y escucho. Mamá, por qué entró antes de nosotros. Mamá responde porque llegó antes. Alguien debería quitarle el engreimiento. Miro al techo, saco mi celular esperando que suene, siquiera para distraerme un rato. Entra la señora con su hijo rechoncho.
Miro al techo, dos de la tarde, hace hambre y frío, pero no puedo bajar a comer algo, puesto que el alambre del aparato bucal me daña la encía. Finalmente me llaman. Me liman el molar para quitar los restos de resina, reponen el bracket, me quitan todo el alambre, me colocan uno nuevo. Me despido. La secretaria, quizá en represalia por haber faltado a mi cita de la semana, programa la siguiente visita para principios de octubre.
Respecto a mi dentista, debo decir que es muy bueno, pero esas largas esperas me quitan las ganas de recomendarlo. Cuatro de la tarde y no he avanzado el trabajo que debía. Debería comprarme una laptop especialmente para cuando deba ir al dentista.

2 secretos:

MiChElLe martes, marzo 28, 2006 3:26:00 p.m.  

si quieres saber cómo blanquearte los dientes profesionalmente pero sin ir a donde el profesional, lee esto: http://vidafrugal.blogspirit.com/trackback/666080

MiChElLe martes, marzo 28, 2006 3:27:00 p.m.  

Me equivoqué, este es el link: http://vidafrugal.blogspirit.com/archive/2006/03/28/blanqueamiento-dental-casero.html

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