martes, octubre 04, 2005

De la mano con papá

Cuando era niño, mi papá me llevaba de la mano al colegio que quedaba en el Centro de Lima, junto a lo que ahora es la Alameda Chabuca Granda y antes era Polvos Azules y el patio del colegio. Los primeros días de los primeros años, como suele suceder, fueron los más difíciles. Si bien ya no protagonizaba aquellas escenas propias de Masacre en Texas cuando me aferraba a los pantalones acampanados de mi madre mientras mis profesoras me jaloneaban para introducirme contra mi voluntad en un salón atiborrado de niños de un nido de San Isidro, siempre era difícil entrar al colegio. (Creo que ese fue uno de mis rechazos al sistema educativo nacional). Al llegar al portón escolar de metal, solía escurrirseme una gota de sal de los ojos. Frente al colegio había un viejo señor que alquilaba una especie de visores en los cuales se insertaba un disco. Luego, accionando una palanca, se hacía girar el disco y se veía escenas de Batman, Superman u otro héroe de ficción. (Creo que ese fue uno de mis primeros acercamientos a la fotografía). Papá me alquilaba uno al llegar para que no me sintiera tan triste.
Pero el tiempo pasa y las cosas cambian. A veces los papeles desaparecen o se invierten.
Hoy trabajaba como todas las tardes cuando un golpe en la ventana despertó mi atención. Era mi papá que había llegado temprano a un taller que está tomando por las tardes en la universidad. Caminamos por el campus y, no de la mano, lo acompañé hasta el recinto donde era su clase. Antes de llegar al auditorio, no le alquilé un visor, tomamos un café y conversamos un rato.

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