jueves, noviembre 17, 2005

El momento perfecto

Si hay algo a lo que estamos destinados desde antes de nacer, es a morir. Tarde o temprano, llega el día en que atravesaremos la puerta de salida de este valle de lágrimas (ojo que las lágrimas pueden ser de alegría o de tristeza). Una muerte puede ser tomada de múltiples maneras. Para los creyentes debería ser un motivo de alegría, ya que el ser querido ha abandonado el limitante cuerpo para estar a la derecha del Padre. Para los no creyentes, digamos que puede ser tomado con serenidad, dado que la persona que se fue ya no sufrirá las necesidades de la corporeidad. Quizá falte algo de empatía en los casos en que se utiliza la puerta de emergencia, es decir, cuando las personas abandonan esta dimensión por decisión propia. Pese a ello, la muerte suele ser tomada con tristeza por todos, podemos dar fe de ello quienes hemos perdido a un ser querido. Existen algunos factores que facilitan el camino del ser al no ser tanto para las personas que se van como para las que se quedan. Por ejemplo, cuando alguien que queremos sufre alguna enfermedad, las personas cercanas nos vemos menos afectadas por su partida. Sin embargo, cuando la muerte nos sorprende es más duro el golpe y más lenta la recuperación de quienes nos quedamos.
No sé hasta qué punto esto es muestra de nuestro egoísmo o de nuestro amor a las demás personas, dado que, en lo que a los directamente afectados se refiere, una larga agonía implica sufrimiento corporal y a veces hasta angustia frente a lo desconocido. (Dado que no sólo se vive una vez, también se muere sólo una vez). Desde este punto de vista, puede ser que las muertes repentinas puedan ser mejores. Ayer, por ejemplo, encontré el momento perfecto para morir. Era de noche y Verónica conducía por la Costa Verde. Sonaba un CD de Mar de Copas a todo volumen a cuyos compases ella y yo hacíamos dúo de vez en cuando. Ella miraba la pista y yo, el mar. Ella pensaba en llegar a su casa y yo en ver a E aquella noche sin más preocupaciones. Quizá ese habría sido el momento perfecto para que un trailer embista por el lado del copiloto o que mi corazón se pare. Por siempre. Era feliz.

1 secretos:

Juan Arellano miércoles, noviembre 23, 2005 12:02:00 a.m.  

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