jueves, diciembre 15, 2005

Mamá, nadie me reconoce

Un buen día decidí ser periodista. No para poder expresar mi punto de vista o ser un líder de opinión. Tampoco para fiscalizar al Estado. Mucho menos para servir a la comunidad mediante la denuncia social. El dinero... no. Este negocio no es rentable.
Todo se trataba de una cuestión de ego. Ver mi nombre en letras de molde y que cada vez que lo lean mientras hago la cola en el banco o le diga mi nombre a alguien por teléfono diga: “Señor Avendaño, siempre leo sus notas, reportajes y entrevistas”.
Sin embargo, las cosas no han sido tan fáciles. Escribo en un semanario que llega a más de 17 mil personas, sin embargo, mi nombre ha logrado poca recordación. Por ello he llegado a una conclusión: seré escritor. Tampoco da dinero, pero sí algo de fama, prestigio y, sobre todo, muchos enemigos (es el precio a pagar).
¿Qué debo hacer? Es fácil. Escribo un conjunto de anécdotas de unas 200 páginas más o menos. Las aderezo con escenas gay, algo de drogas y espolvoreo autodestrucción y un chorrito de mala leche. También conflictos familiares, para que la gente se identifique.
La trinchera a tomar es un problema. Criollo o andino, ya se verá que conviene más, aunque se puede permanecer en un conveniente centro.
Luego los siguientes libros. Más drogas y sexo. Un poco de aquí y otro de allá. Vivir una temporada en París y editar una colección de cuentitos con escenarios europeos. Luego regreso a Lima. Me presento borracho a una entrevista con Hildebrandt y me peleo con Rosa María Palacios en cámara de lo más stone. Y, por qué no, me agarro a trompadas con otro dizque escritor. Después boicoteo mi propio libro de poesía mientras se lanza una película basada en alguna de mis novelas. Firmo ejemplares de mis libros en Wong para como parte de la campaña anti piratería.
También debo buscarme un look. Le digo a algún amigo que me tome una foto. De preferencia fumando. Desempolvo el blazer marrón de mi papá. Una camisa blanca y voliá. Esa puede ser la imagen principal. Después se puede trabajar otras. Una puede ser fumando un habano con Fidel, a lo García Márquez. Me han dicho que los pasajes a Cuba están baratos. Puedo aprovechar para darme un salto a Miami y tomarme una con lentes oscuros y un sombrerito blanco. La piscina de azules aguas como background es fundamental. Espero convencer.

2 secretos:

rodrigo jueves, diciembre 15, 2005 10:57:00 a.m.  

y también podrías publicar el manual-del-perfecto-escritor-emergente

diego jueves, diciembre 15, 2005 11:07:00 a.m.  

se te olvidó el "(latinoamericano)"

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