domingo, enero 01, 2006

Él baila solo

Qué clase de freak escribe un post a pocas horas del Año Nuevo. Qué pobre infeliz postea algo el uno de enero cuando la mitad del país duerme, un cuarto de la población intenta salir del coma etílico y el resto se vuela los dedos con ratablanca, muere en accidentes por exceso de alcohol, enfermedades terminales o de soledad y mi primo Rodrigo trata de salvarlos vistiendo bata blanca. Creo que no soy el único.

Chapter 1: “Prendí otro fuego por ella”

Eran las ocho de la noche del 31 de diciembre y no tenía planes para el año nuevo. En realidad nunca los tengo. En ese sentido soy como una hoja al viento. Espero que alguien me llame, me proponga. Qué hace un soltero tercermundista de 24 años cuando nadie quiere pasar con él la noche de año nuevo. Estaba rumbo a mi casa. Debo hacer algo especial, pensé. Estoy demasiado guapo hoy como para quitarme la ropa y tenderme en mi casa a esperar. Qué hacer. Intentar una caída libre desde el cuarto piso del hostal Sol y Luna y Estrellas. Aquello era corto y, estaba demostrado, efectivo. Tenía una propuesta como para colocar en mi weblog: Por qué no todos los geeks que no tienen nada que hacer, toda aquella resaca social novoañera se reúne para conversar, aburrirse juntos o intentar un ligue descartable. Algo tarde, quizá. Tendría que esperar otros 365 días para intentar llevar mi propuesta a la práctica. Eso sí, siempre y cuando en el camino no encuentre el amor, el sanatorio mental, la cárcel o el cementerio.
Podría tirarme en mi cama a embriagarme, encender un fuego por ella y fumar ad infinitum para disfrutar de mi vacuus existencial. Luego hacer quinientas llamadas a personas que en ese momento ni siquiera pensarían en mí.

- Hola, soy Diego
- ¿Quién Diego?


Elaboraría discursos que debí pronunciar y nunca pronunciaría. “Quiero que sepas que aprecio mucho el tiempo que he pasado contigo durante este año. Muchas gracias por ser mi amiga y estar allí”. Estar allí. Dónde estabas entonces cuando tanto te necesité. Pensaría en las acciones a desarrollar: Un fuerte abrazo, un beso en la frente y una tímida caricia en la mejilla. Y en qué frases evitar: “Espero que no te consigas un novio que te aleje de mí”.

O cantaría a dúo con Calamaro para mentalizarme para el siguiente año, mientras deseo un huiro encendido entre mis labios.

Quiero arreglar todo lo que hice mal
todo lo que escondía hasta de mí
(…)
En esta ocasión voy a pedirles perdón
Si es rápido y es gratis, entonces why not?”


O me pondría Sinatra
“I got you
under my skin
I got you
deep in my heart”

Recitaría algo en inglés.
“Where are you now?
What are you thinking about?”


A veces hasta a mí mismo me doy miedo.

Pero no, ya estoy grandecito. Boys don´t cry, carajo. Si tú cambias, todo cambia, me dijo alguien auspiciado por Brahma. Sí, pues, me veo mal, me corté el pelo una y otra vez, llevo días sin afeitarme y mi atractivo no salta a la vista para el común de la gente ni en seis años ni en una vida. Mucho menos en una noche.

Al diablo con el diablo. Diles, Sabina:
Yo soy un tipo duro
con voluntad de hierro
que sale a la calle provocando al futuro


Llamadas van, llamadas vienen.
Me voy.


Chapter 2: “A veces siento que me hago viejo muy rápidamente

Probablemente me habría divertido más chupando un clavo oxidado del muelle de Pimentel o calculando cuántos neutrinos atraviesan una cerveza desde que la abres hasta que te la acabas. Estamos de cacería, se supone. Tres tipos jóvenes y vitales, profesionales y de los mejores colegios, dizque. Cualquier levante que intenten mis amigos sería fácil, pero ilegal: Barranco estaba lleno de chibolas de falda corta que hacían la Primera Comunión cuando nosotros ya teníamos dos años jalando cursos en la universidad. De todas maneras, lo último que tenía pensado para esa noche era un amor de barra, ni siquiera de roll on. Faltaban trece minutos para las doce, de acuerdo a la voz en off de un establecimiento. Con quince soles ya perdidos en la puerta de ese lugar, me resigné a pasar allí la cuenta regresiva. Odiaba la situación, pero decidí quedarme izando solitariamente la bandera de la democracia y la tolerancia; la lealtad y la transparencia; la honradez, tecnología y trabajo.
3, 2, 1, Feliz año nuevo, se desgañitaba la voz en off mucho más animada que la concurrencia que, como si se tratara de una coreografía muy bien ensayada, pasó del abrazo al mensaje de texto telefónico. Todo se habría malogrado indefectiblemente cuando recibí el mensaje anónimo “Feliz año, Dieguito”. No tanto por el saludo, sino porque odio que me llamen Dieguito, a menos que sea mi mamá, mis tías o la novia que no tengo. Mi reacción inmediata fue llamar a la atrevida (porque tenía que ser mujer), sin embargo la red estaba sobrecargada. Dos palabras: Quién eres, send. Respuesta aliviadora: “Tu tía Ceci”. ¿Mi tía Ceci sabía mandar mensajes? ¿Mi tía tenía celular? Lo que viene a enterarse uno. De repente estás tratando de llamar a alguien, pero no se puede, las líneas están congestionadas, decía la voz en off con gratuita alegría. Gracias por recordarme que ante un terremoto no podré llamar a mi familia para decir lo que quiero que pongan en mi epitafio, imbécil.
La única muchacha que me conversaba lo hacía para pedirme fuego. Me hizo un comentario que no me molesté en entender. Al parecer lo del fuego era sólo una excusa para que alguno de nosotros intente sacarla a bailar, pero digamos que la colección de La hora del Reggaetón y Latinazos de OKTV no es precisamente mi tipo de música. Uno de mis amigos ya estaba intentando algo con una chica con pinta de trabuco y el otro era demasiado selectivo como para sacar a una mujer con el pelo más corto que el de él.

Dos horas después alguien tuvo la buena idea de salir del lugar. Casi de la mano los conduje a La Noche, donde había querido quedarme desde el comienzo. Casi a rastras ellos me sacaron. Deambulamos por el boulevard de Barranco hasta que deserté del grupo. Farewell.
Moría por bailar, pero. Ese “pero” sempiterno inherente a la cordura. Un tequila y dos cervezas después no me importaba nada. Podía ser una salsa sacada de tono en los Barracones, el Bolero de Ravel, la quinta de Beethoven o el cuarto de Van Gogh, pa´ bravos, yo.

Colofón: “Barras de bar, vertederos de amor”
“No puede comprar un chop con tarjeta, mínimo una jarra”. Medio minuto después érase un hombre a una jarra de chela pegado. Aquello fue otra guerra perdida. Llamadas telefónicas: “Diego, estoy durmiendo”, mensajes de texto para la fase de los speechs y canciones a dúo con Calamaro. Me volví el mejor orador mental bilingüe. A punto de hacer barra fija y entablar una bonita relación con la rockola, “aterrizo en la pista sin poder escapar del olor de los cuerpos sudando sudando del calor de las luces girando girando”.

Si me vieron, no fui yo.

1 secretos:

Insettivori domingo, enero 01, 2006 8:06:00 p.m.  

Estarás realmente guapo el día en el que sientas que realmente caminas hacia algún lugar, ese día será el pricipio de algo realmente asombroso. ¿Qué son 365 días? ¿acaso no es sólo una fórmula inventada por algún maniático que andaba liado con el tiempo y buscó controlarlo? Yo me voy a festejar cada respiro, cada nuevo poema que encuentro, cada olor precioso...Salu2

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