miércoles, febrero 15, 2006

Palabras, palabras

Nadie duda de la importancia de los nombres para denominar a las cosas, lugares y personas. Es más, nadie pensaría siquiera en abolirlos del todo o dejar de decirle perro al perro o gato al gato. Por ello olvidamos que el nombre representa y no define a su objeto representado.
Sé lo que están pensando: “No estás descubriendo la pólvora, Diego”. Tienen razón. Escritores como Wilde y Shakespeare han hecho alusiones al tema. En La importancia de llamarse Ernesto (o La importancia de ser Constante), el protagonista, Jack, debe mentir sobre su nombre de pila para resultarle más atractivo a una fémina. Romeo, por su parte, le dice a Julieta que la rosa no dejaría de perfumar si tuviera otro nombre, aludiendo al sambenito de su apellido.
Los apellidos, especialmente, han sido sobrevalorados. Si tu apellido figura con mayor frecuencia en la sección Policiales de un periódico chicha que en las páginas sociales de Cosas, puedes considerarte ciudadano de segunda clase. Resulta ridículo saber que a estas alturas, tus derechos y ciudadanía dependa de una palabra.
Mi apellido, por ejemplo, le pertenece también a una persona bastante notable y conocida en el mundo intelectual. Cada vez que debo comunicarme con alguien por trabajo pierdo tiempo respondiendo a la pregunta “¿es usted hijo/sobrino/pariente/entenado del doctor fulano de tal?”. Con una amplia sonrisa presencial o telefónica niego tajantemente el hecho.
Es decir, para efectos de mi chamba es intrascendente narrar mi árbol genealógico. A nadie le importa si mi apellido es Avendaño, Pérez, Quispe, Ratzinger, Gonzales o Tapia.
No sé qué esperan con la pregunta. De repente quieren decirme “te conozco desde chiquito”, “mándale saludos a tu papi” o acaso solamente quieren congraciarse conmigo y, por ende, con mi imaginaria parentela mientras, a sus espaldas piensan que obtuve mi trabajo por ser “el hijo de”. En todo caso, prefiero a que soy un pariente pobre a que duden de mis habilidades.
A veces ni siquiera me lo preguntan, lo dan por sentado. Y como todas las personas conocidas que llevan mi apellido son abogados, asumen que yo también lo soy. Por ende yo, Diego Avendaño, que sólo cuento con un humilde grado académico de bachiller, termino siendo un abogado con licenciatura, maestría y doctorado.
Pero también tiene sus ventajas. Hace unos años tenía que editar un librito sobre un viejo abogado de la Facultad de Derecho de la PUCP. El libro incluía una breve biografía, una entrevista al personaje en cuestión y opiniones brindadas por sus compañeros y alumnos ilustres. Con tan sólo mandar un correo electrónico, las secretarias de personajes de la talla de Salomón Lerner Febres y Delia Revoredo respondieron con un cuasi militar “Con mucho gusto, doctor Avendaño. El/la doctor(a) no está, pero en cuanto lo/la vea le daré su encargo”. En menos de una semana tenía los textos listos sobre mi escritorio. Probablemente si hubiera firmado como Perico de los Palotes, las secretarias habrían arrojado mi mensaje a la papelera sin siquiera consultarlo previamente.
Paciencia y buen humor.

2 secretos:

Kat miércoles, febrero 15, 2006 1:12:00 p.m.  

tan sólo palabras hay entre los dos

PAM miércoles, febrero 15, 2006 5:16:00 p.m.  

En cambio a mi todo el que me pregunta mi apellido (Casas),tambien me pregunta si soy sobrina del alcalde de Chancay,lo cual si me molesta y lo niego diciendo: No, esas son otras Casas.
Pero cuando les digo que el que si fue mi primo fue un ex alcaldeque era Briceño Casas, me cambian de tema.Poque sera no? Tal vez por que les interesa quien tiene el poder ahora y no quien lo tuvo antes? o por les intersa la cochinadita y prefiren relacionarme con un alcalde corrupto y no con uno tan bueno como fue mi primo?

Dígame licenciado

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

En otras palabras: Está permitida la reproducción parcial siempre y cuando

se mencione la fuente y no se emplee con fines comerciales.

Blog Archive

  © Blogger templates The Professional Template by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP