viernes, marzo 03, 2006

El Payaso Pistolita

“Qué esperanza queda si hasta los payasos se suicidan”, pensé hace unos años cuando leí sobre la muerte de un payaso por mano propia. Pocas veces los payasos me han hecho reír. Cuando era niño, en uno de mis primeros cumpleaños, mis papás decidieron comprarme una piñata de payaso. Antes de que los asistentes la reventaran a golpes lloré a decibeles insospechados ante tanta crueldad para el risueño ser de cartón (consta en aquel expediente casi policial llamado Álbum de fotos). Años más tarde utilicé una peluca brillante y un traje elaborado por mi mamá y creo que no hice reír a nadie. Recuerdo una película con Clint Eastwood donde él investigaba a un asesino de prostitutas que siempre dejaba un lazo rojo en la escena del crimen. En una escena, Eastwood lleva a su hija a un parque de diversiones y en un descuido, ve a su hija alejarse tomando con una mano a un payaso y con la otra un globo atado a un lazo rojo. Pero lo que sin duda me sorprendió es ver en las noticias que un payaso intentó asesinar a otro delincuente a balazo limpio. Especialmente porque yo, durante mis caminatas urbanas, lo más cercano que he experimentado a la agresividad con humor ha sido cuando uno de estos personajes de cara pintada me atacó por no comprarle sus golosinas. Una razón más para no entrar a Mc Donald´s.

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