martes, junio 27, 2006

Caminando

Caminar puede ser una costumbre saludable. Disminuye el riesgo de enfermedades cardiacas, presión alta, osteoporosis, diabetes y obesidad; mantiene las articulaciones, los tendones y los ligamentos flexibles; reduce algunos de los efectos del envejecimiento; ayuda a aliviar el estrés y la ansiedad. En una ciudad como Lima, sin embargo, puede ser autodestructivo. El domingo en la tarde salí a pasear. Como siempre, mi caminata se inició en el cruce de Angamos con Arequipa. Mi destino era el Parque Kennedy. Era rico sentir en la cara esas gotitas diminutas de agua que lentamente iban callendo. Ese amago de lluvia que es la garúa limeña. Usualmente aprovecho estos trayectos para pensar, cosa que no hago usualmente. Mis pensamientos suelen ser bastante nebulosos, esta vez, sin embargo, lo que me envolvía como niebla era el humo de los carros. Tanto así que desistí de encender el cigarro que prendo para acompañarme.Luego de que un carro frenara estrepitosamente delante de mí en una esquina, más por mi descuido que por irresponsabilidad del conductor, recordé una recomendación de seguridad vial leída en un boletín “Si va a caminar de noche, use ropa clara”. Yo, por cierto, vestía un pantalón marrón, un abrigo y una chompa negros. Lo más seguro que tiene mi indumentaria habitual mi gorra roja, había sido olvidada en casa. Mi objetivo era un helado, pero terminé en el Dove vai de Diagonal tomando una limonada. Al inicio no podía dejar de pensar en lo que veía, en mi entorno, en la estudiante japonesa de dos mesas más allá, en el sujeto rapado que estaba junto a la caja o en la vendedora de la Tinka. Al tomar una taza de chocolate pude alcanzar cierto grado de abstracción y simplemente mirar la calle y tomarme las cosas, y el chocolate, con calma.
Luego de pagar, salí. Tuve la mala ocurrencia de ir a ver ropa a Ripley. Todo se inició con una inocente oferta 2x1 en pantalones. Luego de comprarlos pensé "voy a necesitar unas chompas", luego fue "y un blazer", después "y unas zapatillas", luego "y una chalina". Las zapatillas no me convencían. Tengo poca costumbre de usar chompas con cuello bajo, por lo que ello me resulta complicado elegir. Por el precio de una bufanda decente, además, podía comprarme otro par de pantalones y pagarme el taxi de regreso. Finalmente encontré el saco que buscaba, unas chompitas y además una camisa. Y una vez en caja, mi tarjeta de débito fue rechazada y mi tarjeta de la tienda aún no estaba activada. Bendije mi suerte. Caminar, finalmente puede ser dañino para un consumista desatado.

2 secretos:

Laura Hammer miércoles, junio 28, 2006 3:59:00 a.m.  

Hasta en eso coincidimos!
Justo ayer iba a poner un post sobre lo consumista y compulsiva que soy al salir a comprar.

El lunes me gasté todo el dinero de la maestría ampliando mi guardaropa, no se bien para que, pues ya no salgo. Aun tengo ropa con suis etiquetas sin cortar, colgada en el armario desde el año pasado.

Rico caminar en domingo, pero deberias hacerlo en otra ciudad, no crees? Un beso.

Alfredo jueves, junio 29, 2006 9:45:00 a.m.  

que bueeeeeena

y eso que ni lo tenias planeado! debes de ser el terror de las cajeras cuando estas decidido a comprar todo...

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