viernes, septiembre 29, 2006

La famiglia

Mi relación con mi familia siempre ha sido complicada. No me refiero a mis padre, madre y hermano (eso sería entrar en temas casi freudianos de los que no hablaremos hoy), sino más bien a la familia extendida.
Poniendo las cosas en blanco y negro, es así: me llevo bien con casi toda mi familia materna hasta el cuarto grado de consanguinidad. Y de otro lado, no me llevo del todo bien con casi toda mi familia paterna. Es más, a la cuarta parte preferiría no tener que verla más y sólo saber que están bien, excepto por cuatro personas que concentran, en sí toda la cantidad de amor que le pueda tener a este grupo.
Tampoco los odio, sino que simplemente a veces no sé como actuar con ellos, no sé esperan que les cante los pollitos dicen pío pío pío con mímica y todo.
El otro día fui a la cena que, por su cumpleaños ofrecía una de mis tías (la que está en el grupo de los cuatro). Una de esas donde todos te preguntarán por enésima vez, si ya terminaste la universidad, en qué trabajas y cómo está tu mamá y a la media hora estarás preguntándote cómo harás para salir sin hacer roche. En fin, cosas que se hacen por amor a la familia.
Cuando las cosas estaban medianamente aburridas y no me hablaba ni mi papá. Surgió una oportunidad de hacer entretenida la noche.

Vieja de pelo pintado y pajoso: ¿Cuántos años tienes?
Yo: Quince.
Vieja pelo pintado y pajoso: ¿Quince?, asu.

Cuando mi performance iba perfectamente verosímil y la amiga de mi tía preparaba otra pregunta fui interrumpido.

Tía: ¡No! No tiene quince.
Papá: Tiene 25.
Otra tía: 25 más 10.

Luego del Happy Birthday me trasladé a un sillón a reposar la cena. Al otro lado, mi papá conversaba con otro tío que —oh, novedad— también es periodista.
El tío en cuestión nunca llegó a triunfar en la radio con programa propio porque habla como el gato Silvestre (pero sin escupir), por lo tanto, de cada tres palabras le entendía una y cada vocablo parecía hablado en hungarito. Me preguntaba, por tanto, cómo mi papá podía mantener una conversación con este señor que, aunque solo le llevaba seis años, era su tío.
Yo, mientras tanto, distraía mis ojos con el correr de los números de un DVD que alguien parecía haber dejado con el play activado y la tele apagada. Con mis oídos intentaba traducir el lenguaje Avendaño al español.
Todo iba bien, tan entretenido como un chiste de Carbonell, hasta que el tío preguntó algo parecido a cómo están tus hijos. Mi papá me señaló diciendo “uno está a tu costado”. Curiosamente, le entendí cada palabra.

Tío: Y tú dónde estudiaste.
Yo: En la Católica.
Tío: Y cuáles eran tus profesores más destacados
Yo: Ninguno.
Providencialmente, mi papá tuvo que intervenir.
Papá: ¿No te enseñó Juan Gargurevich?

Era cierto. Me había enseñado Juan Gargurevich. Y Balo Sánchez León. Y Meche García Belaunde. (Y mejor dejo de contar porque quizá ellos no se acuerdan de mí y si me recuerdan, probablemente soy un mal antecedente en su CV o van a creer que los estimo mucho).

Yo: Sí.

Fue entonces lo que llegó lo que me temía. El tío comenzó a hablar del mundito del periodismo, los tipos de periodistas, lo dura que está la calle, lo poco que paga este negocio, lo mediocre de los jefes, que hay cosas que no se aprenden en la universidad. En fin. Gracias por entusiasmarme más con la idea de meterme un balazo, tiíto. A ti también te quiero, papi.

7 secretos:

alfredo viernes, septiembre 29, 2006 12:01:00 p.m.  

como que me quede pensando en que venia despues

me hubiera gustado un "y cuando termino de preguntarme coji el dvd y se lo lance por la cara"

Laura Zaferson viernes, septiembre 29, 2006 12:19:00 p.m.  

La familia es así. Creo que hay gente que no soporta el silencio, y por eso abre la boca... sólo para hacer ruido.

gamma-normids viernes, septiembre 29, 2006 12:36:00 p.m.  

familia, familia... intervenir en asunto de los menores de la familia deberia ser ilegal.

florecilla,  viernes, septiembre 29, 2006 2:44:00 p.m.  

De solo leer este post ya me deprimí.

A ese tipo de familiares es mejor exiliarlos emocionalmente.

Danza Invisible sábado, septiembre 30, 2006 11:11:00 a.m.  

Me suena conocido el rollo.
La vieja escuela siempre diciendo que los nuevos (y no tan nuevos) no sabemos nada de nada).
Blah.

Fr3xk0 lunes, octubre 02, 2006 9:11:00 a.m.  

eso mismo.. alfredo. opino lo mismo.. falto un final mas "avendaño"

Angélica Camacho lunes, octubre 02, 2006 5:56:00 p.m.  

Ese es uno de los grandes motivos por los que huyo de las reuniones familiares.

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