jueves, octubre 12, 2006

Las telarañas de la casa del pasado

Es curioso cómo transcurren las cosas, mi querida amiga. Qué sorpresas da la vida, encontrarte en plena calle. Que todo pase como si hace diez años hubiera sido ayer, cuando nos vimos por última vez. En realidad nos vimos dos veces en el intermedio, aquellas tan fugaces y superficiales que bien podríamos atarlas a un bloque de plomo y arrojarlas a alguna laguna mental.

Y tropezando me fui cantando desafina´o sorpresas te da la vida. Después de tanto haberte buscado fuiste tú la que me encontró a mí. Sí. Te busqué y no tienes idea de cómo. Planeé minuciosamente decenas de encuentros imaginarios, cual Alejandro Sanz. Plasmé en papel otros tantos recuerdos e historias en torno a ello. Lima es un pañuelo, pero puede ser todo un sistema planetario cuando se lo propone, y por aquellas calles en las cuales me enamoré por primera vez, no pude encontrarte. ¿Me preguntaste por qué no creo en dios?

No te negaré la emoción que sentí cuando descubrí que aquella desconocida que había entrado a mi Hi5 se llamaba como tú. Tampoco te ocultaré que aquel mensaje enviado a tu casilla escondía cierta sospecha envuelta en falsa distracción, hacerse el cojudo, que le llaman. Y creo que tampoco disimulé las ansias que tenía de verte ipso pucho, conversar contigo y decirte tantas cosas.

Debí contarte entonces, y no diez años después que aquellas ajadas palabras en las que supiste encontrar cierta belleza, estaban escritas para ti. Dedicadas al perfume con el que solías alegrar mis tardes, a las conversaciones que iluminaban mis ojos pese al cielo siempre gris y a aquellas caminatas que borraban la fealdad de una ciudad como esta. ¿Qué habría sido de nuestra historia, entonces? Quizá todo se hubiera estropeado. Quizás no valga la pena pensarlo. El amor que sentí por ti lo guardo dobladito con cuidado con el mismo cariño que tu debes tener aquellos papelitos arrancados de cuaderno Minerva.

Tenemos suerte, querida. Siempre es bueno reencontrarse y decirnos aquellas verdades que quiten las telarañas de la casa del pasado. Y descubrir, gratamente, que en el fondo no hemos cambiado y que podemos hablar sobre tu vida, sobre la mía, de tus fotos y tus viajes y de mis trabajos y mi tía secuestradora y saber que seguimos siendo amigos. Tampoco te mentiré al decirte que espero que hayamos vuelto a amarrar ese lazo, aquel que nunca debimos dejar desatar para darnos sorpresas más seguido sin esperar que pasen otros tantos años.

4 secretos:

Laura Zaferson jueves, octubre 12, 2006 10:59:00 p.m.  

Noto que cada día me gusta más como escribes. :)

diego viernes, octubre 13, 2006 10:03:00 a.m.  

El autor y el editor de este blog agradecen la flor y afirman que a ellos también les gusta cómo escribe Diego. Ambos agregan que también disfrutan con fruición el blog de la señorita Zaferson.
Atte.
El administrador

Danza Invisible viernes, octubre 13, 2006 11:32:00 p.m.  

Esa costumbre de Humala de hablar de sí mismo en tercera persona se te ha pegado??????????????

Cuidado, Salmón...

Tana-Fololela lunes, octubre 16, 2006 1:42:00 p.m.  

Siempre es weno d vez en cuando darse una vueltita x nuestro pasado...cierto?

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