martes, octubre 17, 2006

Una mano al pecho

El autor indica que pese a lo que indica el título, el post de hoy no está referido al duelo nacional. Suficiente tuvimos ayer con dos posts. Este texto es, más bien, un aviso de servicio a la comunidad, para que no digan que en este blog no se practica la responsabilidad social.

Por más ladillas que sean, no suelo tratar mal a los vendedores de la calle. Parecen inocentes seres que se ganan la vida honradamente y no merecedores de ser espantados cual moscas que merodean tu plato de comida. Chicos y chicas que interrumpen tu caminata para ofrecerte sus productos golosinarios. Pero cuidadito. No se dejen engañar. Algunos de ellos poseen manos más rápidas que las de un prestidigitador y en cuestión de segundos pueden llevarse tus pertenencias, sean estas tu celular o cualquier chuchería que sólo tiene valor para ti.
Durante mis caminatas en las calles limeñas, noté que había una nueva modalidad de venta. Los chicos se te acercan y te ponen la bolsa de caramelos en el pecho. Pensé que era una especie de presión para que compres, como cuando algún vendedor de micro te entrega su producto para que lo pruebes sin compromiso, para de alguna manera comprometerte. Solía sufrir aquellas invasiones a mi espacio que sólo permito a personas de extrema confianza y en circunstancias muy íntimas.
El último sábado comprendí, sin embargo, que aquella metodología no correspondía a la obediencia demasiado literal del principio del marketing que indica que para mejores resultados hay que acercar el producto al consumidor. Esto va con segunda.

Caminaba con un par de amigos por la avenida Larco. Algunos metros antes de llegar a Armendáriz, un grupete de niños, encabezado por una chica algo mayor se nos acerca con sus amelcochados caramelos de menta que, por su mal estado de conservación, sólo compraría por Caridad (pero no conozco a ninguna Caridad). Los niños abordan a mis amigos, mientras la pirañona teenager de la calle viene hacia mí y hace lo propio. Tras decirle muy amablemente que no, gracias, una extraña sensación me invadió. Comencé a hacer memoria y pasar lista sobre mis pertenencias. Mi billetera estaba en su sitio. Mi celular, también. ¿Llaves? Presente. Hasta que recordé que minutos antes de salir de mi casa encontré entre mis cosas un par de profilácticos que habían quedado de una de esas noches locas de antaño*. Por esa bendita costumbre de meter todo lo que encuentro (y es mío) en mis bolsillos, los introduje en aquellos que quedaban en el pecho de mi casaca. Es decir, la muchacha me había puesto una mano al pecho y al bolsillo derecho. Cuando les conté lo ocurrido a mis amigos, hicieron lo que todo fiel compañero suele hacer en estos casos: burlarse. “He escuchado de robos de relojes, celulares, billeteras, pero nunca de jebes”, comentó uno ahogado en risa y con lágrimas en los ojos.
Pedimos a las autoridades competentes poner coto a esta alarmante situación.

*Mentira mamá, esa noche fui a dormir a la casa de Roberto.

8 secretos:

Anónimo,  martes, octubre 17, 2006 10:59:00 a.m.  

Seguro que la chica te vio la cara, y se dijo: "mejor los tomo para darles buen uso porque a ese paso, seguro que se vencen antes de
estrenarse".

n.

Adriano martes, octubre 17, 2006 11:58:00 a.m.  

Hay que pasarla bien, la vida es demasiado jodida para perder el tiempo en otras cosas.leeme en www.vidasibarita.blogspot.com

Laura Hammer martes, octubre 17, 2006 12:06:00 p.m.  

Espera, o sea que una pirañona adolescente te manoseó y te robó un CONDÓN?!!!!!!!

Ay, Avendaño! Que cara te habrá visto!

gamma-normids martes, octubre 17, 2006 2:52:00 p.m.  

jaja, el primer comentario es un mate de risa :)
Pero al menos tuviste suerte de que no fue tu celu, billetara o documentos.

Anónimo,  martes, octubre 17, 2006 5:40:00 p.m.  

claro,
se llevo algo que no usas.

Laura Zaferson martes, octubre 17, 2006 9:00:00 p.m.  

La pregunta es... por qué te guardaste los condones en el bolsillo antes de salir? Ibas a campeonar? Cuenta la historia completa pues.

diego martes, octubre 17, 2006 9:52:00 p.m.  

En primer lugar: ¿Se han dado cuenta de que el sexo vende? Si hubiera hablado de un libro robado, no habría tenido tantos comentarios.
En segundo lugar:La forma en que llegaron los preservativos a mi bolsillo se explican por una vieja costumbre que detallaré en el post de mañana.

Sludgeman jueves, octubre 19, 2006 12:17:00 p.m.  

Me pudo pasar hace un tiempo, fui por Barranco y se me acercan 2 chibolos, uno por delante y otro por atras. El de adelante te pone la bolsa a la altura del bolsillo de adelante, mientras que el de atras te distrae para que le compres. PAra suerte mia, no me distraje y la presion de mi cell en el bolsillo me hizo darme cuenta que algo raro pasaba, ademas un pata mio venia un poco mas atras y me sirvio de "decoil".

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