lunes, febrero 12, 2007

Con poco tiempo de vida

Últimamente, mi vida se ha vuelto una constante lucha contra el tiempo para disfrutar al máximo de las horas de luz natural que tenemos. Poder contar con suficiente tiempo libre como para hacer las cosas que quiero, lo realmente importante. Creo, sin embargo, que voy perdiendo la batalla.
Se supone que el día se divide en tres partes, de ocho horas cada una. Ocho para trabajar, ocho para hacer lo que quieres y ocho para dormir. Pero creo que mis horas de trabajo están invadiendo a las otras dos. Vamos, en qué centro laboral de este país se chambea las horas justas y necesarias. Siempre hay algo que adelantar, algo de último momento, algo que quedó del día anterior. Un e-mail que enviar, información que pedir, o un pobre imbécil que llama cuando ya debiste haberte ido (y tú más pobre y, peor aún, más imbécil respondes el teléfono) para pedirte algo por lo que te quedarás una hora más.
Mis ocho horas de trabajo en realidad son nueve, puesto que en esta debo almorzar (imposible que lo haga en mi casa, cómodamente mientras veo televisión o converso con mi perro para luego dormir la siesta). Pero, debemos considerar que el trabajo está en el rubro de las cosas que uno "debe hacer". No es un trabajo, pero uno "debe". Por ejemplo, uno debe transportarse de la casa al trabajo. Para mí, esto significa una hora de mi día para ir y otra para regresar. Uno debe asearse, afeitarse, perfumarse, vestirse y tomar desayuno (otra hora más) y cenar por las noches (otra hora). Se debe también hacer algo de ejercicio (en mi caso, esto toma dos horas, considerando transporte y aseo). Entre lo que "debo hacer" se van 15 horas. Es decir, me restan nueve, de las cuales se supone que debo usar ocho para dormir. Restarle tiempo al sueño para; en esas putas horas; leer, amar, soñar, jugar.

No sé si les pasará a todos, pero para mí los fines de semana son demasiado cortos. Los sábados las horas se pasan volando. Si bien las mañanas son bastante tranquilas (a menos que un vendedor de naranja Huando te despierte, que el perro te toque la puerta para que lo saques o que los hijos quieran que los lleves a un lugar donde, con seguridad, te aburrirás). Puedes descansar a tus anchas hasta la noche, en la que quedan dos opciones. Una es quedarte en tu casa, que te sumirá en una profunda depresión, te hará notar que no tienes amigos o que si los tienes, ellos hacen planes sin ti. Te sentirás un aburrido, sabrás que entre tu triste ser y un bonsái, la única diferencia es que el bonsái tiene a una preocupada persona que le corta las ramitas. La otra opción es salir. Claro, siempre y cuando tengas con qué, o con quién.
En ambos casos, al día siguiente despertarás con ganas de dormir todo el día. En el peor de los casos con una resaca que te impedirá usar tus siete sentidos al 15% que siempre funcionan. Peor aún si juergueaste en Barranco, pues sabrás que fue una borrachera a media caña. Como ir al tono de promo con tu hermana. ¿Hacer planes un domingo? Imposible. Al día siguiente hay que levantarse temprano e ir a trabajar.

2 secretos:

carmen martes, febrero 13, 2007 2:11:00 a.m.  

Trata de organizarte...el tiempo debe ser tu esclavo no al revés.

.: MeLi :. martes, febrero 13, 2007 11:01:00 a.m.  

A-ver-diego:

¡Chócala! La labor periodística, aun en los trabajos no tan periodísticos, suele ser exigente, demandante, estresante y anti-horaria, pero por momentos divertida...

De todas formas, ¿quién puede contra la vocación? Ajá, exacto: los sueldos bajos.

¿Te apuntas para la reunión blogger?

Besos y pa'lante.

Dígame licenciado

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

En otras palabras: Está permitida la reproducción parcial siempre y cuando

se mencione la fuente y no se emplee con fines comerciales.

Blog Archive

  © Blogger templates The Professional Template by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP