martes, febrero 20, 2007

El Niágara en bicicleta

Salud, dinero y amor. Siempre en ese orden. Porque no tener salud y caer en manos del seguro social, mal rayo nos parta, puede ser la llave para un mundo surreal, gore, kafkiano. Un mal trip de ayahuasca. Una pesadilla en la calle Elm con su Viernes 13 de yapa.

Cómo diablos, un pesado lunes puede volverse aún peor. Se supone que el lunes es un mal día por definición, el non plus ultra de lo feo de la semana. Pero sí se puede caer más bajo. Los dolores abdominales que, durante la última semana me han perseguido, se intensificaron. Luego de permanecer toda la mañana en el tópico de mi trabajo, decidieron derivarme a un hospital, puesto que allí no podían hacer más por mí. Insistí para que me lleven en ambulancia (quería divertirme un poco) pero me dijeron que la situación no lo ameritaba.
Afortunadamente, al promediar la una de la tarde, tres amigas del trabajo me condujeron hasta el hospital de Angamos. En la Admisión de Emergencia me dijeron que la atención demoraría dos horas. Detrás de mi, en la cola, una mujer se quejaba de que no podía respirar. Pero igual tuvo que esperar las dos horas, si acaso no se asfixió antes.
Eran las dos de la tarde cuando mi papá luego me llevó al Rebagliati. Las sillas escaseaban por lo que me vi en la obligación pelear con mi dolor apoyado en un escritorio. Luego de ser escuchado por un interno y mi barriga sea manoseada de mala manera por el médico de turno, fui enviado a un consultorio interno. Antes de llegar a él, seguí a una enfermera por pasadizos llenos de personas en camas. Ancianos que parecían ya muertos, enfermos fosilizados en sábanas percudidas, miradas apiñadas que preferirían morir para no sentir.
Yo esperaba a que me llamen. El dolor me tenía medio doblado junto al marco de la puerta. En los asientos, mientras tanto, sanos y acongojados familiares esperaban que atiendan a sus parientes.
A las tres de la tarde encontré un asiento vacío. Me preguntaba por qué tenía que llover sobre mí, cuando, en efecto, comenzó a llover en aquella sala de espera. No era una, ni eran dos. Eran cuatro goteras que poco a poco iban anegando la pieza en la que nos encontrábamos. Los enfermos seguían llegando. Unos en silla de ruedas, otros en camillas. Una anciana señora tendida, esperaba ser revisada por el médico. Mientras sus hijas le decían "Tranquila, mami, tranquila". Tenía la mirada fija en el techo. Las piernas dobladas que, pese a estar cubiertas por una frazada, no dejaban de verse delgadas.
Media hora después me llamaron y el doctor ordenó un análisis de sangre. Era la segunda vez que introducían una aguja en mi brazo derecho. La primera fue en el tópico durante la mañana.

- ¿En cuánto tiempo estarán los resultados?
- Dos horas.

Como la lluvia no paraba y las bancas estaban mojadas, fuimos a esperar al carro.
Dos horas después desperté y, junto con mis papás, regresé al hospital. Al llegar la señora de la camilla logró ingresar.
¿El resultado? A más de las seis de la tarde, con un día laboral echado a perder, me enteré de que científicamente no tengo nada.
Quiero saber qué me pasa, me pregunto qué me pasa y no saben qué contestarme. Cuál será el médico que tenga el don de curar este mal
Auxilio.

salud

7 secretos:

cynthia,  martes, febrero 20, 2007 5:08:00 p.m.  

don diego, le recomiendo que tome pin y haga pum...

Mami Brujita miércoles, febrero 21, 2007 12:00:00 a.m.  

El seguro social ya colapso. Es imposible atender con tanta cantidad de gente que ya ni entra en la emergencia. No soy especialista en dolores de barriga por lo que no puedo ayudarte con eso (pero si alguna vez te rompes un hueso, llamame). Anyway, espero que todo sea algo pasajero.

Danza Invisible miércoles, febrero 21, 2007 1:12:00 a.m.  

LO tuyo se llama estrés.

No soy médico, pero a mí me quitaron los dolores de panza por estrés con Librax, Bismutol... y Orazol.

Anónimo,  miércoles, febrero 21, 2007 5:53:00 a.m.  

sufre perú, sufre...a mi me quitaron los dolores de panza con una laparoscopia a tres huecos, las piedras y la vesícula las tiré a la basura pero aún conservo las cuatro horas de dolor, de estar doblado y encima trabajando...lo bueno es que aun tienes padre que te asista,
dale un abrazo cuando lo veas. Hazte revisar de vez en cuando y sigue escribiendo.
Un abrazo.
Chrst/

Carmen miércoles, febrero 21, 2007 7:24:00 p.m.  

Yo juraba que ibas a decir que tenías apendicitis...que bueno que no es así...hay Diego para rato...Un beso

diego miércoles, febrero 21, 2007 9:55:00 p.m.  

quizás
una de las pocas cosas que agradezco
es tener seguro médico particular
uf

Mafa jueves, febrero 22, 2007 2:25:00 p.m.  

Oye y no será por los ejercicios que haces en el gimnasio, tú mismo nos has contando que es la primera vez en la vida que vas. Puede que hiciste algo muy brusco y te quedó sensible los abdominales. Recupérate pronto.

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