viernes, marzo 02, 2007

Ma´ pos hora

Nunca puedo llegar a la hora. Soy de los que llegan tarde o, peor aún, llegan muy temprano. Algunas veces me he quedado dormido, en otros casos llego tarde para no llegar demasiado temprano, que es aún peor. Al llegar tarde siempre cabe la posibilidad, muy grande, de que los demás también lo hagan, por lo que el incumplimiento de la hora señalada puede pasar desapercibido. Pero llegar demasiado temprano, dios nos libre, significa pasar tiempo haciendo nada, a menos que haya un buen sudoku a la mano o que tu celular tenga buenos juegos. Tiempo que, por lo demás, podría dedicar a otras cosas, como dormir, escuchar música, trabajar o leer. Cuánto tiempo extra podríamos vivir si juntáramos todos esos momentos que hemos estado esperando que alguien lleguen las personas a las que esperamos. ¿Minutos?, ¿horas?, ¿acaso días?
Llegar tarde es una costumbre muy arraigada. En los preparativos del matrimonio de una de mis tías, se acordó que los partes indicarían que la ceremonia se iniciaría 10 minutos antes y se enfatizó colocando entre paréntesis “hora exacta”. El día de la boda, el sacerdote inició la ceremonia con una iglesia vacía en la que ni siquiera estaban los novios. Mi tía, que daba vueltas en el carro esperando a que la el templo se llenara, debió ingresar para no estar ausente en su propia boda. Los invitados habían asumido que, como todas esas ceremonias absurdas en que las parejas se unen, la celebración comenzaría tarde y que ellos debían llegar, para no atentar contra la tradición, aún más tarde.
La frase que empleo con más frecuencia cuando tengo una reunión es “No se preocupe”. La pronuncio después de que dijeron “Disculpa la demora”. La demora puede ser de cinco, diez, treinta y hasta cuarenta minutos. Pero, bueno, tardar es peruano, perdonar es divino. Uno debe esperar pacientemente y entretenerse mirando las grietas de la pared. Eso es cuando uno espera, cual perro callejero, en la puerta de la oficina de alguien importante. Pero cuando es al revés, ay de uno si tarda, debe esperar al día o semana siguiente cuando la información es para ayer. Cosas del oficio. Porque, bueno cuando quien espera es un pobre diablo, no importa, pero cuando el que demora es alguien con poder, caballero nomás, su tiempo vale más que el tuyo, vil mortal. Hay que esperar nomás. Eso se puede ver, por ejemplo, en lo que pasó ayer en el lanzamiento de la campaña por la puntualidad.
Como no podía ser de otra manera, García habló. Cita Perú.21.

"Hay que terminar con la pésima, nefasta costumbre de no ser puntuales, de no llegar a tiempo y no irse a tiempo, que también es una forma de impuntualidad que a veces se olvida".

Sí pues, no. A veces se olvida que hay que irse a tiempo y terminar los discursos a tiempo. Según señala el mismo diario “En más de una oportunidad, [Claudia] Cisneros y [Raúl] Vargas le hicieron señas al mandatario para que acabara con su discurso”. El blog pepitas.com cuenta que hubo un retraso de diez segundos. O sea, el campanazo llego tarde. Pero claro. El Presidente es el Presidente y diez segundos son nada. Hay que decirle a la Marina de Guerra que retrase un poquito su reloj.

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