lunes, diciembre 10, 2007

Mi roomate el gato

Soy de los que piensan que los gatos son un tipo de animal maldito. Algo raro hay en ellos que me impide confiar. A santo de qué, natura puede haberle dado privilegios como caer siempre de pie, la capacidad de ver en un campo más amplio que los humanos o distinguir mejor entre la oscuridad. Pensándolo así, una noche cualquiera puede convertirse en una película de terror.
A mí me habría bastado con hacer algunas preguntas, pero el fotógrafo* tenía que conseguir las imágenes que relaten las actividades diarias de una familia de agricultores. Como la casa de estos quedaba lejos de nuestra posada, optamos por quedarnos a dormir con ellos. Dijimos que bastaría con cualquier lugar para no causar molestias. Nos podíamos acomodar hasta en el piso. La anfitriona nos ubicó en uno de los cuartos, en la única cama que pudo habilitar. Antes de ello, desalojó a una de sus hijas que dormía con su propia hija y sus gatos, tendió nuestras frazadas y nos dio las buenasnoches. A pesar de que la bebe comenzó a llorar, no tardé en quedarme dormido. El día había sido bastante largo visitando distintos poblados distantes y polvorientos, trepando paredes de piedra, saltando entre acequias, subiendo cerros y soportando el fuerte sol de la sierra.
En medio de la oscuridad de la noche de ese poblado sin luz eléctrica, un sonido me despertó. Era el intermedio entre un ronquido, un suspiro y respiración. Sentí a su vez, el movimiento de mi acompañante, bastante alejado en el amplio colchón. Alguien más nos acompañaba. Intuí que se trataba del gato que, en algún momento de la noche se había subido a la cama sin que ninguno de los dos lo sintiera. Me moví, alejándome del ruido. La oscuridad me impedía distinguir algo. Aun con los ojos abiertos sentía como si los tuviera cerrados. Me alejé más y más. Mis rodillas estaban fuera de la cama, y por ende, fuera de la frazada. Finalmente una luz se prendió. El fotógrafo prendía su celular.

- ¿Qué hora es?
- 3.30.
- Se ha subido el gato, ¿no?
- Puta, sí. Odio a los gatos.

Acto seguido nos levantamos y, bien abrigados, salimos a hacerle compañía a esas manchas negras de afuera que, conforme fue amaneciendo, descubrimos que se trataba de una vaca, un toro, un burro, un caballo y una oveja negra.


*El fotógrafo es un conocido fotoperiodista cuya identidad nos reservaremos en aras de su buena reputación.

4 secretos:

cynthia,  martes, diciembre 11, 2007 10:54:00 a.m.  

Es otro gaaaaatooo. Podrías poner la cancion de Amanda Miguel, "el gato y yo". Miau, miau.

Por otro lado, ¿acostarse con gente del trabajo? mmm...

Fátima,  martes, diciembre 11, 2007 1:21:00 p.m.  

Que romántica tu velada con el fotógrafo...durmieron juntos y luego salieron abrigaditos a ver el amanecer. La noche perfecta. Te adelantaron el San Valentín.

Mafa jueves, diciembre 13, 2007 12:29:00 p.m.  

El gato les malogró el planeta jajajajajaja O iba a ser la excisa perfecta para nadie preguntara por los arañazos de la madrugada jajajajaja

Anónimo,  sábado, diciembre 15, 2007 9:19:00 p.m.  

buena diego...me gusta tu manera de escribir...me "metes" en la situacion...un abrazo de un odia-gatos...pues si...tengo una gata, que cada 6 meses me la preñan estos condenados gatos...ya va teniendo 12 hijos, pero le puse solucion...tarde...pero lo hice...ahorita esta operadita la pobre...pero es que le gusta estar en la "movida" pues, no hubo otra salida...saludos gatunos...

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