domingo, diciembre 13, 2009

Qué hay detrás de la solidaridad navideña

La Navidad juega malas pasadas. Esa mezcla de esperanza con la desilusión que alcanzamos los mayores, sobre todo los que nacimos ese día que dios estaba enfermo con la resaca de todo lo vivido en el alma. Esos sentimientos encontrados de los que ya he hablado en este blog (pon la palabra “navidad” en el buscador de la columna derecha y entenderás).

A lo que iba: las campañas navideñas de solidaridad. Hace unos años, por estas fechas, participé apoyando a una institución cuyo nombre no diré porque nunca lo supe. La dinámica consistía en apadrinar a un niño desamparado y comprarle un regalo. Ese año me había ido bien y me pareció buena idea darle aunque sea un momento de alegría a alguien que la estaba pasando peor que yo.

La historia no acabó muy bien: junto con otros amigos que también participaron, compramos regalos que excedían largamente lo sugerido por la institución cuyo nombre no recuerdo porque nunca lo supe. Los coordinadores de la actividad, a su vez, juzgaron que era un tanto injusto que algunos niños recibieran regalos que iban por encima del promedio, así que decidieron venderlos (no me queda claro cómo ni dónde) para comprarles algo similar a los demás. La idea no nos gustó, pero ya no quedaba más qué hacer. Desde entonces, no he vuelto a participar en nada parecido.

Viéndolo en perspectiva, me pregunto ¿qué se esconde detrás de la solidaridad navideña? ¿de verdad es positivo participar en actividades de este tipo? Y me planteo algunas dudas que rondan mi cabeza. Si acaso no es fomentar el consumo de la fecha teniendo como sinónimo Navidad y regalos. Si estamos alegrando la Navidad de un niño o simplemente haciendo un lavado de conciencia para no sentirnos mal los otros 364 días. Si regalarle algo a un niño desconocido me da autoridad para no hacerle caso a los que se me acercan todos los días a venderme fruna.

Regalarle algo no soluciona su problema, pero no hacerlo ¿me mantiene en mi usual indiferencia?

1 secretos:

Nohelia,  lunes, diciembre 14, 2009 10:40:00 p.m.  

Lo que hacemos con un grupo de amigos es coordinar nuestra propia actividad. Así nosotros administramos y fiscalizamos los recursos.
Y nada de paternalismos. Creo que es importante la presencia. O sea creo que las personas valoran más el que una comparta un momento con ellos y ver un real interés que una simple salida de paso y/o lavado de conciencia.
Obviamente, no tienes que esperar navidad para hacerlo.

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