El Pulpo Paul, el cambio de un ícono
El primer recuerdo que tengo de un pulpo es de una noche en la que miraba una película de Tarzán en blanco y negro. En la escena, Johnny Weissmüller peleaba con un octópodo gigante que por alguna razón intentaba envolver en sus tentáculos al héroe.
Desde entonces, tengo pocos recuerdos de alguna imagen en las que se haya tratado a estos animales de manera diferente, excepto por el siempre elogiado pulpo al olivo… que en otras palabras, equivale a decir que “el mejor pulpo es el pulpo muerto”.
Por eso, creo que la gran hazaña del Pulpo Paul no es haber hecho predicciones en torno a los ganadores del mundial, sino haber cambiado la connotación de sus congéneres. Ahora, los políticos que solían hablar de los tentáculos de la corrupción se presentan en público con pulpos de dulompillo, se toman fotos de campaña felices junto a pulpos que los señalan como “los elegidos”, una vuelta al mesianismo donde el espíritu de Dios no baja en forma de paloma, sino de pulpo.
Para ejemplo, un par de botones, aunque no los únicos.



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