Por qué no comer carnes rojas en Semana Santa
Probablemente nunca te hayas hecho la pregunta asumiendo que es lo más natural del mundo. En este post de Desde la clandestinidad develamos, en exclusiva, la verdad. Un post más revelador que cualquier libro de Dan Brown. No se lo pierda.
Criado como fui en una familia católica, me solían decir que comer carnes rojas equivalía a ingerir el cuerpo de Cristo crucificado. Pero, pensándolo bien, si leemos el Nuevo Testamento, no podemos encontrar alguna referencia a este asunto.
Es decir, en la Última Cena todos comen y se instituye la Eucaristía. Todo tranqui hasta que Judas llama al Serenazgo de Miraflores y les cae la mancada. Jesús es apresado y se inicia el Vía Crucis, que se representa en el recorrido de las Estaciones. Pero en ningún momento se menciona algo sobre la comida. Entonces, de dónde aparece.
Ahora bien, si nos ponemos conspiranoicos, podemos pensar que hay algún interés creado detrás de todo esto. Es decir: no comemos carnes rojas, pero por qué necesariamente pescado. Por qué no el pollo nuestro de cada día o carne de soya, por ejemplo.
Durante la vida pública de Jesús se muestran muchos pasajes que involucran al alimento de Semana Santa. Por ejemplo, aquella ocasión en que los pescadores no consiguen nada y, de pronto, el Salvador les da el dato del lugar indicado para pescar… y resulta. Pescan bastante. Hasta el momento se puede pensar que los hombres de mar se beneficiaron, pero considerando principios básicos de la economía, nos damos cuenta de que no es así. A mayor oferta, el precio baja.
Otra ocasión es aquella en la que, luego de una prédica, Jesús toma dos peces y cinco panes y alimenta a la multitud. Quiénes dejaron de vender: los pescadores.
Y, un momento, ¿a qué se dedicaban los apóstoles? Varios eran pescadores. Quién se quedó a cargo luego de la Ascensión: fue Pedro, pescador de peces, luego pescador de hombres y luego Papa.
Ahora bien, un momento, por qué traicionó Judas a Jesús. Es ingenuo pensar que solo había en juego trece monedas. Eso es lo que nos han hecho creer los cuatro evangelistas que eran, oh coincidencia, apóstoles. Había una conspiración incluso dentro de los mismos apóstoles y Judas resultó no ser otra cosa que un chivo expiatorio movido por intereses económicos. Comer pescado en estas fechas es el resultado del lobby de un grupo de pescadores.
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