jueves, abril 29, 2010
lunes, abril 26, 2010
Te he eliminado
Existen muchas razones para eliminar algún contacto. Yo tengo las mías y no tengo por qué dar explicaciones... pero muchas veces me las piden. Así que, bueno.
Elimino a la gente maletera. Me llega la peruanada del macheteo gratuito. Elimino a los que me espamean, los que mandan boletines, mensajes masivos, notificaciones que, francamente, no me importan. Elimino a los que mandan invitaciones a Farmville, Maffia y otros jueguitos cojudos. Elimino a los que monologan, a los que posan de freaks, a los que se creen raros (como el 90% de la población), a los que se afectan por todo. Elimino a los paranoicos, a los necios para quienes detrás de todo se esconde una conspiración que busca dominar el mundo. Elimino a los que se alucinan contestatarios por poner “lareconchesumare” en cada twit. Elimino a los que son tan pero tan progres que no admiten que alguien piense diferente. Elimino a los malaonda, a los homofóbicos, los de excesivos prejuicios, a los necios. Elimino a los que dicen “todavía tienes Hi5? Ay, fo”. Elimino a los acomplejaditos, a los que sienten que nadie los quiere, a los estúpidamente optimistas, a los que postean frases hechas, a los que venden Herbalife. Elimino a los que me toman demasiado en serio, a los que hay que explicarles el chiste. Y a veces elimino solo porque me dio la gana.
absolut
lunes, abril 12, 2010
¿Por qué me has bloqueado?
Pero, claro está, nosotros que comprendemos la vida
nos burlamos de los números.
Antoine de Saint-Exupéry, El Principito
Una pregunta constante es qué pasa por la cabeza de la gente que anda en las redes sociales. ¿Por qué es tan importante agregar a su red a gente que no conoce? ¿Cómo así puede acceder a compartir las imágenes de reuniones familiares o de amigos con gente que solo conoce mediante Facebook? ¿Cómo así se volvió tan importante acumular followers en Twitter, como si de una especie de rating televisivo se tratara?
A mí me da francamente lo mismo. No quiero tener un millón de amigos. Me vale un chicle masticado pegado debajo de la mesa, con su moco más, si le caigo bien a alguien o no. Bueno, no me da lo mismo. Prefiero caerles bien, pero si no es el caso, tampoco hay por qué complicarse: si alguien me agrega a su red en Facebook, lo acepto sin paltas y permanece en mi red siempre y cuando respete ciertas reglas básicas de convivencia.
En Twitter soy feliz con la gente que sigue las trivialidades que escribo. Puede ser que a alguien le cargue su timeline cuando solo quiere hablar de cosas importantes. Así que si me elimina, no hay roche. Muchas veces me han eliminado/desfolloweado y no me he hecho más paltas. Tampoco es que mi mejor amigo me haya quitado el habla o el amor de mi vida me haya cortado. Un follower o un contacto más en Facebook no me hace más interesante (o menos anodino).
Preguntar “por qué me eliminas” es, digamos, un poquito demasiado. Como esas parejas que, cuando es momento de terminar, te preguntan mil veces “por qué”. Se acabó el amor, pues. Así de simple. Es como que vayas a la casa de un pata y cuando ya es hora de irte, insistas en quedarte. Si te botan, por algo es. Quizá le caíste mal al dueño de la casa o te pusiste faltoso (me ha ocurrido).
Antes pasaba en Messenger, pero ahí, por ejemplo, hay más derechos. O sea, si un amigo al que conozco desde la primaria me pregunta por qué lo he bloqueado, jode un poco responder, pero hay más confianza para mandarlo a la mierda. Pero qué con un completo desconocido con el que has intercambiado un par de palabras. Vas a decirle "te elimino porque hablas huevadas". O sea, no, pues. Da penita.
Más de una vez me ha pasado que al eliminar a alguien de mi lista, me han preguntado por qué lo he hecho. Y como algunas veces, en señal de venganza (?) me eliminan de su red, no puedo responderles, lo cual aumenta mi confusión. Es decir, ¿es que aquella persona tiene un problema de autoestima? ¿acaso su mamá no le hizo cariño de chiquito?
Si usted, amix, tiene la respuesta a tales interrogantes. Se agradecerá que la tipee ahí donde dice "comentarios".
Y para que no se aburran mientras tanto, les dejo este video que no por antiguo pierde vigencia.
facebook Read more...
viernes, abril 09, 2010
lunes, abril 05, 2010
A los que, en el fondo, tiemblan al ver un guardia
- ¿Sus documentos, señor?
- ¿Por qué?
- ¿Sus documentos, señor y de los ocupantes del vehículo?
- Le pregunto ¿por qué?
- Estamos haciendo operativo.
- ¿Qué tipo de “operativo” (1)?
- Operativo, señor. Acá no es como en La Victoria (2).
No me había pasado una luz roja, no había sacado el celular ni para hablar con altavoz, no había causado algún accidente. Ni siquiera me había cruzado esas líneas continuas sobre el asfalto que indican que uno no debe cambiar de carril. Era un fin de semana cualquiera e iba conduciendo por la Costa Verde cuando me estacioné en una zona permitida. Al lado estaba el carro de unos familiares con los que planeábamos hacer una caminata junto al mar. Al otro lado, un patrullero que aquella mañana se dedicaba a detener “aleatoriamente” a los carros que pasaban.
Mi error fue conducir un vehículo con lunas oscuras que, por lo demás, contaba con autorización. Y pese a que estábamos en dos autos, el otro, por los misterios del random, no fue intervenido. No digo “no lo paró la Policía” porque como decía, estábamos estacionados.
El último jueves me pasó algo similar. Un vehículo policial se puso detrás del mío y me siguió un par de cuadras, sospecho que esperaba que cometiera alguna burrada para tener motivo de pararme. Al ver que me estacionaba, detuvieron su vehículo y me pidieron documentos (3).
Y siempre es igual, se niegan a decir las razones por las cuales te detienen, por lo que hay que preguntar más de una vez. La respuesta es aquella del profesor de instrucción premilitar que te dice, más o menos, qué me mira, cadete. En otras ocasiones te detienen ante una falta (real o no) y te piden ir a la comisaría, cuando saben que eso no es necesario. Cuando les recuerdas que la multa deben ponértela en el mismo lugar para que sigas con tu vida dejan de lado la voz autoritaria y hasta te perdonan la vida.
Entonces siento que cuando ven pasar por ahí mi carro, con sus lunas oscuras, piensan que es una oportunidad para hacer algo más que verificar no haya secuestrado a nadie (aunque, valgan verdades, tener el permiso tampoco garantiza lo contrario)(4). Y andan tan concentrados en eso que olvidan otros aspectos: como la restricción de mi permiso para conducir con anteojos. Ese día, por ejemplo, estaba con lentes de sol y no me dijeron nada sobre eso; aunque mis lentes de sol tienen medida (pero ellos no tienen por qué saberlo).
No han sido las únicas ocasiones y mi impotencia aumenta cada vez más. Es cierto que muchos otros policías no me han detenido. Es decir, no podemos generalizar. Pero cuando veo esas camionetas blancas, me entran todos los muñecos. No sé si me detendrán por el simple gusto de hacerme perder tiempo, mientras algún imprudente se pasa la luz roja o si en alguna de esas ocasiones buscarán alguna razón rebuscada para empapelarme o invitarme a un mundo absurdo culpándome de un crimen que no cometí.
(1) La palabra apropiada es “operación”.
(2) Por más que intentamos, no pudimos descifrar qué quiso decir.
(3) Estacionar debería ser como un “ampay me salvo”, digo, ¿no?
(4) Mi maletera es pequeña y a veces llevo cosas en el asiento de atrás. Mi carro anterior tenía vidrios transparentes y una maletera más amplia donde entraba hasta un cadáver completo o cuatro cuerpos debidamente descuartizados.
El título de este post corresponde a un verso del poema Dedicatoria, de Luis Hernández.
policia




