jueves, septiembre 15, 2011

El chico que le cargaba la mochila a sus novias


A raíz del cuestionado informe de Ricardo Uceda sobre el caso Ciro Castillo, me quedé pensando en un detalle. El mismo detalle con el que Uceda titula la primera parte de su informe, pero desde un lado que se adentra más en la naturaleza humana: Qué pelotudo es uno cuando le gusta alguien. Si no me equivoco, también he cargado mochilas de la “novia” (entre comillas porque novia novia, lo que se llama novia con presentación a los papás y lugar en la mesa de la casa solo he tenido una –lo admito, soy poco legalizable–) o chica que me gustaba.

Y cuando no había mochila de por medio, eran carteras, maletines, cartapacios y cochecitos de supermercado. También les he cocinado, preparado infusiones, acompañado a trámites engorrosos y ceremonias familiares, esperado estoicamente en aeropuertos con vuelos retrasados (y con lo que cobran en el estacionamiento), comprado cosas que no compraría ni por salvar mi vida del roche que me da, desviado de mi ruta habitual solo por pasar un rato más con ella y hasta (horror) ver fútbol.

No niego que las chicas con las que he andado (la mayoría) han hecho también cosas chéveres por mí, como llenarme de dulces, ver conmigo películas demasiado idiotas o violentas, visitarme en mi lecho de difunto o ganarse broncas con sus papás de lo tarde que llegaban a casa.

Sí, antes de Two and a Half Man, también hizo de idiota. 
No obstante, en el caso de los hombres, creo, es un esfuerzo no reconocido, porque al final de la historia, luego de las lágrimas, uno siempre termina siendo el malo. Si fue uno el que terminó, es aquel que no supo valorar a la chica que tenía delante de sí. Si fue a uno al que lo terminaron, es aquel que no hizo nada para evitar perderla. En ambos casos, uno pasa de ciudadano ejemplar con su DNI y antecedentes policiales limpios a ser, en adelante, el huevonazo.

Por eso hoy he decidido decir BASTA. Amigo pisado, tú que eres paño de lágrimas de esa chica que nunca te dará bola, tú que te vistes de saco y camisa para caerle bien a tu suegra, tú que soportas con paciencia al sobrinito idiota de tu novia, tú que hace un año que no ves a tus amigos de toda la vida, tú que te quedas todas las noches viendo Pretty in Pink o Notting Hill mientras esperas a que ella te llame para salir; sublévate. Deja de cargar mochilas y si te dice algo responde: “Es que yo creo en la equidad de género” o "Jesucristo cargó su cruz, una mochilita no te va a hacer nada". No te dejes. Lucha con firmeza por tu tierra patria. Hagamos la revolución.


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