Por qué dejé de ser católico
Estás en la combi o en el micro en hora punta (o sea, siempre) jode tener gente pegada a ti. Y te pones a pensar qué incómodo es tocarse con personas a la que no conoces. Como cuando tienes que saludar de beso a alguien con quien preferirías mantener distancia o darle la mano a alguien que suda a chorros.
Esa es la razón por la que dejé de ser católico.
Desde niño en el colegio me enseñaron que todo católico debe ir a misa los domingos. Y la verdad es que no me gusta.
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| That`s me in the corner. |
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| Humilde parroquia de por mi casa. |
Mis problemas llegan a la hora del saludo de la paz. En lo posible, huyo. Finjo que suena el celular o salgo descaradamente. O sea, qué necesidad, para qué tanto problema. Por qué razón, motivo o circuncisión debe uno acabar expuesto a semejante manoseo con tanto extraño. Ya no hablemos de cuestiones de salubridad (vaya uno a saber qué habrán agarrado las manos del devoto señor de al lado, o si la señora de hábito se tapó la boca con las manos al estornudar, o alguno agarró agua bendita de esa fuente donde antes estuvieron mil manos), sino la incomodidad que provoca tener que darse la mano o abrazarse por obligación. Pero a veces también le das el saludo a gente que conoces, dirán ustedes. Claro que sí. Pero si se trata de mi papá, mi mamá, mis amigos o mi novia, prefiero abrazarlos cuando realmente me provoca y no en un lugar público.
Amigo Joseph Ratzinger (a.k.a. Benedicto XVI), si por ahí decides eliminar el saludo de la paz, probablemente lo considere un milagro y recupere mi fe.
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