lunes, diciembre 12, 2011

Tu dorima me detesta


En la vida he aprendido dos cosas*. La segunda es: Hay gente a la que no le vas a caer bien nunca, por más que te esfuerces. Piensa por ejemplo, que eres Ollanta Humala. Estás jodido. Con las justas le vas a caer bien a Nadine (y eso). Pero, vamos, estoy poniendo un caso extremo. Existe mucha gente adorable, buena onda, con buen sentido del humor, bonita sonrisa y desbordante humildad que no es capaz de caerle bien a todo el mundo… Yo, por ejemplo**.

A veces es la vida que te pone en veredas opuestas. Si tú eres de la Alianza y yo de la U y estamos en un estadio, obviamente no me vas a caer bien. (Felizmente no me gusta el fútbol, así que podemos ser amiguis). Otras veces la situación se pone un poco absurda. Uno de estos casos es el novio/dorima/control machete de una de mis mejores amigas (quizá de las más antiguas que me queda). Un buen tipo, hasta donde sé, y eso es lo más complicado. Si le caes mal a una persona odiosa, podría considerarse hasta un upgrade. Pero si es alguien cuyo único defecto es odiarte a morir, vamos muertos.

La historia es simple. Todo era felicidad en el avenmundo® (algo parecido al inframundo, pero más bonito) hasta que un día salí con la amiga en cuestión. Tomamos un café en Miraflores, caminamos hasta llegar a un parque cercano al malecón y nos pusimos a conversar hasta que se hizo de noche. Al regresar a su casa, la conversación debe haber sido más o menos así.

RECREACIÓN DE LA CONVERSACIÓN TELEFÓNICA
(desde la casa de él)
Él: Y ¿qué hicieron?
Él: ¿Que vieron el atardecer frente al mar? Por la !"·$%, ese &%$ Lo atraparé aunque sea lo último que haga, lo último que haga. Ñaca ñaca ñaca.

FIN DE LA RECREACIÓN

Y sí, lo entiendo. Si mi flaca me dice, aunque sea en el tono más inocente, que se pasó la tarde conversando con un amigo más bueno que el pan***, me enojaría un poquito. Pero comprendan también que mayores detalles no le podía dar porque hablamos sobre algunas de mis intimidades que ella no revelaría aunque le claven agujas de bambú debajo de las uñas de los dedos de los pies.

Como contraparte está el hecho de que, a diferencia de muchas personas, yo sí creo que los hombres y las mujeres pueden ser amigos (no pasa siempre, pero cuando ocurre de mutuo acuerdo, es chévere). Especialmente cuando se trata de alguien que te conoce de casi la mitad de tu vida y sabe tanto de ti que, a estas alturas, resulta sorprendente que siga siendo tu amiga. Y, de otro lado, me encanta que esté con alguien medianamente cuerdo y que ella esté feliz.

Diego Avendaño. Trolleando a la parentela desde 1981.
Sé que haga lo que haga, este muchacho jamás me mirará con simpatía. Peor aún, supongo que le disgustarán aún las cosas más inocentes o buena onda que pueda hacer. Como este post... si acaso me lee. No obstante, con el tiempo, he aprendido que no tengo por qué gustarle a todos, ni siquiera a mi vieja (que, valgan verdades, solo me estima porque es buena gente).

A mí solo me queda tomarmelo con un poco de humor y pedirle dos cosas:
1. Sigue cuidando a mi amiga.
2. No me mates, peeeeee****.

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* La primera es: “No molestes a un perro cuando está comiendo”.
** Después me pregunto por qué le caigo mal a la gente.
*** Leer **
**** Tengo miedo, Manolo. 



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