Comunicador, editor, periodista, galán del Larco Herrera, más bloguer que escritor. No le quiero decir adiós a mis lentes. Tampoco paré de sufrir. Soy un soltero inmaduro, más que una joven promesa, una vieja deuda.
Supongo que algún día llegará el momento en que el mundo me sea desconocido. Todos me dirán "son los nuevos tiempos, Diego" y yo me preguntaré por qué ahora los hombres muerden a los perros y las personas caen sobre las cabezas de las manzanas sentadas al pie de un árbol.
Algo así me pasa a veces cuando veo la televisión. Hace unos meses vi esto.
¿Qué es esto? ¿Por qué el protagonista tiene un papel en sus manos? ¿Cuál es el contexto? ¿Qué es la felicidad? ¿Qué es el chocolate? ¿Quién mató a Palomino Molero? ¿Resolvería mis dudas si viera Al fondo hay sitio?
Es la vanguardia, pensé. Probablemente miraron con el mismo wadafak mental quienes observaban las pinturas cubistas de Picasso, el teatro absurdo de Ionesco o los readymades de Duchamp.
Luego hice algo que usualmente no hago: hacerle caso a la publicidad. Entré a la página de Sublime en Facebook. Entonces, salí de la caverna, vi la luz, Hallelujah. En teoría es un video subido por alguien en "su momento Sublime" (y cuando escribo esto me imagino a Aldo Mariátegui haciendo el mismo baile sobre la mesa de conducción del programa electoral luego de anunciar a Keiko como la ganadora del boca de urna).
Pero como las cosas no se pueden quedar así, aquí en Desde la clandestinidad, nuestro equipo de producción se encargó de encontrar ese momento de espontaneidad, alegría y extraños movimientos de su staff, a la par de reciclar al máximo el material empleado en otro video de reciente realización.
Estimados amigos, mediante la presente, la pasada y la futura, quiero agradecer los saludos, muestras de cariño y tocamientos indebidos recibidos en esta fecha.
Los últimos doce meses han pasado muchas cosas que nunca pensamos que pasarían: Humala salió presidente y (como consecuencia) cumplí treinta. Sí. Humala tiene la culpa.
Todos estos problemas coyunturales, personales, económicos y sociales ocasionan que no quiera celebrarlo como en los últimos años. Así que, amigo, amiga, follower, it´s complicated, fan que algún día me dispararás a quemarropa, seguidor de este blog, vecino, compañero de carpeta, enemigo íntimo, troll, correligionario, coleguita si no recibes la invitación de todos los años, no es porque hayas votado por PPK, porque no me guste tu peinado ni la gente con la que andas.
Si al leer estas líneas dices “pero qué carajo, si este won nunca me ha invitado a ni mierda”, no te preocupes. Nada de esto es realidad, yo nunca celebro mis cumpleaños, las cucharas no existen, el 2012 se acaba el mundo. Take it easy: everybody`s got something to hide, except me and my monkey.
Luego de la primera vuelta… perdón, luego de los comentarios racistas después de la primera vuelta, mucha gente razonable solía decir que estas elecciones nos han permitido conocer mejor a la gente. Esa gente que conocimos en el colegio, la universidad, el trabajo, alguna fiesta y a los que nunca hablamos… pero tenemos en Facebook o a los amigos de toda la vida.
Quizá no les faltó razón, pero para mí, la segunda vuelta me permitió conocerme más a mí mismo.
En serio.
Antes de que sigas leyendo:
No quiero con esto juzgar a la gente que votó por una u otra opción. Redundo (al ser esto un blog personal, una opinión y casi como si hablara con mi conciencia por teléfono y pusiera altavoz) al decir que estos son parámetros que solo sirven para mí mismo, con el ánimo de que quizá haya una o dos personas que coincidan con esto. Mi conciencia no tiene que ser igual a la tuya. Mis valores no tienen que ser los tuyos. Eso no te hace mejor ni peor. Solo piensas diferente. Si vas a alucinar que por eso me creo la gran cagada, mejor deja de leer y reenvía haz algo bueno por la vida dando clic en la publicidad a ver si me llega mi cheque de Google.
(Ahora sí, continuemos)
Las opciones eran bastante claras: dos candidatos que no aseguraban ninguna seguridad respecto al respeto a las instituciones democráticas (Ollanta por el discurso escuchado en todos sus años de campaña y conexiones con Hugo Chávez y Keiko Fujimori que, si bien no es su padre, no se cansó de reivindicar su gobierno). La única diferencia, por lo menos la señalada insistentemente por los medios, era el respeto al modelo económico que aseguraba Keiko Fujimori.
No obstante, Keiko Fujimori no me parecía una opción. Hacia finales de los 90 fui uno de esos tantos estudiantes universitarios que marchó hacia el Centro de Lima para manifestar su descontento con el fujimorismo. ¿Resentimiento? ¿Odio? ¿Esa estúpida cosa llamada dignidad que no nos da de comer? No lo creo. Solo un poquito de respeto por mí mismo y coherencia con lo que creo.
No sé qué decir de Ollanta Humala que ya no se sepa. Tampoco era una opción para mí.
Lo admito. Me gusta la plata. Nunca me ha sobrado. La plata no me llega sola: Mis papás trabajaron (y se endeudaron) bastante para pagar mis estudios y manutención. He trabajado bastante para seguir estudiando y mantenerme a mí mismo. Aún ahora lo sigo haciendo. Cuando puedo, ahorro y le confío estos recursos al sistema financiero. Me gusta darme gustos de vez en cuando, todas esas cosas que quizá también te gusten a ti. También espero comprarme un sitio donde vivir. Probablemente algún día me quiera casar, tener hijos (aunque al paso que voy, quizá termine teniendo procreando gracias a un vientre de alquiler como Ricky Martin) y asegurarle a mi familia todas las comodidades.
Alguien dijo en Twitter que teníamos que votar por Fujimori, porque, de salir Humala, podríamos perder todo lo que hemos hecho en nuestra vida. No estoy tan seguro. A lo largo de mi vida he hecho amigos, he construido buenos recuerdos, he reído, a veces no la he pasado bien, me han querido, he amado, he aprendido. Eso no lo podría perder nunca.
Ayer dio la vuelta al mundo la renuncia de Mario Vargas Llosa a la difusión de su columna en El Comercio por haberse vuelto un medio de propaganda a la candidatura de Keiko Fujimori para impedir que Ollanta Humala gane las elecciones. Renuncia de Vargas Llosa al diario El Comercio
La medida ha sido aplaudida por muchas personas. Si bien es una decisión personal respetable, encuentro algo que no me termina de cuadrar.
Considero que hay dos corrientes de pensamiento sobre trabajar o estar de alguna manera vinculado a una empresa o administración con la que no se comparte puntos de vista. Ambos válidos.
La primera es desvincularte totalmente. Algo así como lo hace Vargas Llosa al renunciar a El Comercio o cuando ministros de Estado han renunciado a sus cargos para no avalar a una administración corrupta o ineficiente. Salida digna.
La segunda es quedarte al pie del cañón. No ceder terreno y quedarse, como llanero solitario o ser razonablemente necio nadando contracorriente hasta que te boten o te digan "No, Marito, hasta aquí nomás" (aunque conociendo las reacciones locales, luego dirían que el Nobel "está picón" por vaya usted a saber qué cosa).