martes, noviembre 29, 2011
viernes, noviembre 18, 2011
Por qué dejé de ser católico
Estás en la combi o en el micro en hora punta (o sea, siempre) jode tener gente pegada a ti. Y te pones a pensar qué incómodo es tocarse con personas a la que no conoces. Como cuando tienes que saludar de beso a alguien con quien preferirías mantener distancia o darle la mano a alguien que suda a chorros.
Esa es la razón por la que dejé de ser católico.
Desde niño en el colegio me enseñaron que todo católico debe ir a misa los domingos. Y la verdad es que no me gusta.
![]() |
| That`s me in the corner. |
![]() |
| Humilde parroquia de por mi casa. |
Mis problemas llegan a la hora del saludo de la paz. En lo posible, huyo. Finjo que suena el celular o salgo descaradamente. O sea, qué necesidad, para qué tanto problema. Por qué razón, motivo o circuncisión debe uno acabar expuesto a semejante manoseo con tanto extraño. Ya no hablemos de cuestiones de salubridad (vaya uno a saber qué habrán agarrado las manos del devoto señor de al lado, o si la señora de hábito se tapó la boca con las manos al estornudar, o alguno agarró agua bendita de esa fuente donde antes estuvieron mil manos), sino la incomodidad que provoca tener que darse la mano o abrazarse por obligación. Pero a veces también le das el saludo a gente que conoces, dirán ustedes. Claro que sí. Pero si se trata de mi papá, mi mamá, mis amigos o mi novia, prefiero abrazarlos cuando realmente me provoca y no en un lugar público.
Amigo Joseph Ratzinger (a.k.a. Benedicto XVI), si por ahí decides eliminar el saludo de la paz, probablemente lo considere un milagro y recupere mi fe.
Tweet
martes, noviembre 08, 2011
Ella dijo "sácalo despacito"
En un momento cualquiera de la vida, un hombre se encuentra en esta situación.
Ella: Sácalo despacito, que me duele.
Yo: Ok.
Ella: Au.
No solo ocurre a plena luz del día, sino en un lugar público. Delante de personas que ríen nerviosas o fingen mirar a otro lado...y con una perfecta desconocida.
Mis manos tocaban su piel con sumo cuidado, para no lastimarla, pero a la vez preguntándose cómo así uno (soltero, 30 años, guapo, hombre sincero de donde crece la palma -ver foto-), sin darse cuenta, se ve envuelto en una situación similar.
![]() |
| How are you doin´? |
Estaba enfermo, todo esfuerzo era doble: por ser cuidadoso, por no toser, por conservar algo de dignidad (oh, la dignidad).
Entonces, mentalmente, uno retrocede algunos instantes, en que estaba menos acalorado por la situación y vio por primera vez a aquella chica (soltera y en edad de merecer). Aunque más bien, fue ella quien lo vio a uno. Yo, sentado en esa sala de espera, solo aguardaba por un médico que atienda mis males con mi mejor cara de saca-la-camilla-que-no-aguanto-más mientras luchaba por no desfallecer. Ella, placas radiográficas en mano, tenía turno para un electrocardiograma.
Pensándolo bien: ¿Podría haberme negado? No creo. Si tuviera novia, ¿tendría razón de molestarse? Tampoco, pero eso no significa que no se molestara. ¿Había otras personas más idóneas? Sin duda. Estaba una señora mayor, al parecer, amiga de la muchacha. Estaban las enfermeras.
![]() |
| "Soy Nopo y me pongo brillo de uñas". |
Yo: Debe tener una bolita. Debes girarla.
Ella: ¿Me lo puedes hacer tú?
Y antes de que se levantara la blusa, enseñándome el ombligo, pregunté.
Yo: ¿Dónde está tu piercing?
![]() |
| Recreación. En realidad no era así... bueno, casi. |
Tweet






