martes, octubre 15, 2013

Cocinar

Hace unos años estaba cocinando. Me acababa de mudar casi solo (compartía un depa con una chica chévere a la que casi no veía y con la que casi ni hablaba: lo más parecido a muchos matrimonios) y andaba con otra chica linda a la que trataba de sorprender eventualmente con algo salido de mi cocina.

Estaba cocinando, decía, y de pronto ocurrió una tragedia. Una desgracia desgraciada. Lancé una presa de pollo la sartén. Al entrar en contacto con el aceite caliente, el agua de la presa provocó una cuasi explosión. Resultado: una cocina sucia y un brazo con múltiples quemaduras. Le resté importancia al asunto: fui a cenar con mi primo y su esposa, ambos médicos. Le conté lo ocurrido mientras pedía una Inka Kola helada cuya botella ponía lo más cerca de mi brazo para calmar el dolor.

De regreso a casa pasé por una farmacia donde compré las medicinas que me recomendó. Llegué a casa, terminé de arreglar el desastre, guardé la comida para llevarla al día siguiente a la oficina y lavé la herida con bastante agua fría. Dolió como los demonios, se hizo una costra. Cayó la costra y dejó una marca más clara que mi piel que poco a poco fue retomando su color, aunque no del todo.

Aún ahora la veo (el color no empareja). A veces hay heridas que te dejan la piel marcada; pero no tienen consecuencias mayores, salvo aprender a arrojar adecuadamente las piezas de pollo en la sartén y recordar los accidentes con una sonrisa. No obstante, eso no me ha quitado las ganas de seguir cocinando.

 Pin It

Dígame licenciado

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

En otras palabras: Está permitida la reproducción parcial siempre y cuando

se mencione la fuente y no se emplee con fines comerciales.

Blog Archive

  © Blogger templates The Professional Template by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP