lunes, agosto 11, 2014

Cacha con el pueblo


Admito que mi vida sexual no es tan activa como me gustaría. Comenzando por variables como la geográfica, mi habitual timidez y mi limitado número de contactos en Facebook. Agreguémosle que suelo ser un tanto selectivo. No me gusta acostarme con cualquiera. De hecho, nunca he pagado por sexo (algo que debería hacer aunque sea una vez antes de morir) quizá porque mi visión del sexo está ligeramente romantizada. Tengo predilección por las chicas guapas e inteligentes. Si viven cerca de mi casa, suman puntos bonus. La edad me ha hecho menos tolerante: ya no soporto mucho engreimiento ni disfuerzo. Me gusta que odien las mismas cosas (y personas) que yo y que le gusten cosas diferentes a mí. Y a todo esto, habría que sumarle el último requisito: que le guste yo. Y, por experiencia, debo decir que las chicas que he conocido también son bastante selectivas.

Con todo esto quiero decir que todos ponemos límites. Nadie está totalmente dispuesto a recibir con los brazos abiertos (y otras extremidades) a cualquiera debido a nuestros prejuicios y exquisiteces. Por eso creo que es valioso y rescatable que un candidato a cualquier puesto público esté dispuesto a hacer todo lo contrario a lo que haría un humano promedio. Confesar que es capaz de ponerse a la altura del ciudadano (o ciudadana) de a pie. Y nosotros podamos valorar esto: qué paja, este uón cacha con el pueblo. Yo quiero ser así.




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